Ciro Alfonso de Jesús Isidoro Camargo Sosa

CRÓNICA BIOGRÁFICA DE CIRO ALFONSO DE JESÚS ISIDORO CAMARGO SOSA

Redactado por: Ciro Antonio Camargo Rojas

Nuestro padre Ciro Alfonso de Jesús Isidoro Camargo Sosa, nació en Chinácota el 4 de abril de 1909. Sus padres fueron Juan Camargo Canal y Filomena Sosa. Estudió Primaria en la Escuela Urbana de Varones de Chinácota y cuando contaba con 18 años de edad, conoció a Lucila Rojas Bernal de 16 años. Fue un amor a primera vista y como detrás de un gran hombre hay una gran mujer, su alianza matrimonial “ Hasta que la muerte nos separe”, fue un compromiso de mutua fidelidad. De esa unión matrimonial, nacimos: Juan José, Jorge, Rosalba, Leonor, Susana, Beatriz, Lucila, Ciro Antonio, César Augusto, María Cristina, Filomena, Martha Elena y Fernando.

Con el correr de los años nuestro papá se convirtió en un maestro de la mecánica y un gran inventor e innovador de toda clase de aparatos, porque no se conformaba con las reparaciones tradicionales, sino que procuraba convertir cuanto carro o aparato mecánico llegaba a sus manos, en más eficiente, para que fueran utilizados con mayor provecho y rendimiento.

Ciro Alfonso de Jesús Isidoro Camargo Sosa

Manuel Waldo Carrero Vivas, uno de los comerciantes más poderosos de Chinácota, fundador y propietario de La Cosmopolita y de varias fincas productoras de panela y de café e importador de toda clase de aparatos y hasta de vehículos, lo tuvo como su mecánico de planta.

Carlos Camargo Daza lo contrató para reparar el motor de combustión de la despulpadora del café de la Hacienda Gratamira, que nuestro papá lo puso a funcionar y al darse cuenta que muchos granos de café salían mordidos y que en el proceso era muy demorado y se gastaba más tiempo y más agua, se propuso construir una despulpadora más grande y eficiente.

Alberto Rodriguez Camargo y Ciro Alfonso de Jesús Isidoro Camargo Sosa

En un taller de mecánica de Cúcuta construyó en acero inoxidable la tolva alimentadora del café unida a un cilindro metálico con dos metros de diámetro y con rodillos giratorios internos que desprendían la pulpa sin dañar los granos de café, que salían enteros por los conductos y listos para ser lavados, asoleados y tostados. Para hacer girar el cilindro adaptó el motor de combustión con una transmisión de carro. La nueva despulpadora gastaba menos tiempo y menos agua y el café producido era un pergamino de alta calidad.

En Providencia, la otra finca de Carlos Camargo Daza, mi papá reparó el motor de combustión del trapiche, amplió la tolva metálica de alimentación de la caña de azúcar con rodillos prensa- dores y moledores en acero inoxidable y reforzó con aletas de protección los dos conductos: el de salida del zumo de la caña de azúcar, conocido como guarapo, que salía hacia las pailas donde se cocinaba la miel y que se repartía hirviendo en las formaletas para el moldeo de las panelas y el otro conducto de salida el bagazo limpio. De esta forma se evitaba las quemaduras de los trabajadores y el bagazo salía limpio y se podía vender para las fábricas de papel.

Los inventos de nuestro papá llamaron la atención a los mecánicos y a los productores de café y panela de Chinácota y los pueblos anexos y no daba abasto con el trabajo.

Nuestro padre también construyó Ruedas de Chicago que ponía a funcionar en el Parque de los niños durante la Feria de Chinácota y las llevó a Herrán, Durania, Pamplonita , Mutiscua, Bochalema y otros municipios del Departamento y las vendió al mejor postor.

Para los habitantes de Chinácota su mejor invento fue el de un helicóptero. Una tarde nuestro papá, con César Augusto nos llevó a un potrero de la Aurora para enseñarnos un helicóptero que había construido a escondidas de nuestra mamá y que nos describió:

– Hijos un helicóptero debe tener un fuselaje de peso ligero, conformado por un rotor giratorio, que ven en la parte de arriba con una hélice grande para que el aparato vuele y se sostenga en el aire. Y otro rotor pequeño, ese que ven en la cola con una hélice pequeña, que no deja que el aparato dé vueltas en la misma dirección de la hélice grande.

– Igualmente debe tener una cabina con mandos de control y un tren de aterrizaje. La cabina la fabriqué con la madera delgada de roble y reforzada con láminas de aluminio, que es un metal muy liviano. Y cuando lo pueda volar le cubriré la cabina como los tradicionales.

– Papá, ¿Cómo piensas volar ese aparato si lo tiene amarrado con un cable grueso a ese árbol grandote? -Le preguntó César Augusto.

– Cesitar lo hice por precaución. Hoy solo voy hacer una prueba. Hasta que no lo perfeccione no lo pienso hacer volar. Y luego fue a la casa cercana y llamó a José Angarita, el señor que le había ayudado a bajar el helicóptero desarmado de la camioneta y le dijo que nos mantuviera alejados.

Con gran expectativa vimos que nuestro papá se subió al helicóptero, tiró una cadena enganchada al arranque del motor y lo prendió. La hélice grande comenzó a dar vueltas rápidas y el aparato comenzó a despegarse del suelo y a girar. En el mismo sentido. Nuestro papá asustado con una varilla que empujó apagó motor, y el aparato con estruendo aterrizó. Y su conductor duró un tiempo para bajarse aterrorizado y con dolor en casi todo el cuerpo.

Nuestra mamá que en ese momento había llegado corriendo acompañada de Tránsito Mojica, también se dio cuenta de lo ocurrido y le gritó: -¡Ciro Alfonso, si quiere matarte hágalo, pero no se te ocurra montar en ese aparato a nuestros hijos! Y nos llevó a la casa.

Fotografía Original de la época

Imagen mejorada con Inteligencia Artificial

La anécdota del helicóptero transcendió la frontera de Chinácota y llegó al conocimiento del Gobernador del Norte de Santander, Gonzalo Rivera Laguado, designado por dictador Gustavo Rojas Pinilla, el gobernante de Colombia que le había dado un golpe de Estado a Laureano Gómez. Y una tarde cuando fue a Chinácota a hacer política , como estrategia política le donó a nuestro papá un motor de una avioneta que se había estrellado en el Páramo del Cocuy.

Yo estudiaba el Bachillerato en el Colegio San Luis Gonzaga y cuando llegaron las vacaciones de fin de año mi papá me solicitó que lo acompañara a rescatar e ese motor donado.

Rescatar ese motor fue una proeza. El páramo del Cocuy en Boyacá, era un páramo de acceso muy difícil y peligrosos por su nieve perpetua. Como el motor era grande y pesado para poderlo sacar y transportarlo al pueblo más cercano, mi papá le pagó a un campesino que sabía dónde había caído la avioneta y que nos acompañó bien abrigados y nos ayudó con una mula a la cual mi papá le adaptó a una carreta con dos llantas de un carro que había llevado con sus rines.

De vuelta a Chinácota con el motor, durante dos semanas, mi papá me puso a que leerle en voz alta de una revista de Mecánica Popular, la descripción de un motor de una avioneta, mientras él constataba la información directamente en el motor de la avioneta rescatado.

El día que prendió el motor , como no tenía el tubo de desfogue silenciador y estábamos muy cerca de una jaula llena de pájaros que me mi mamá , con el estruendo mató a varios canarios. Y vino de nuevo la reprimenda de mi mamá.

-Mi papá me dijo : Ciro Antonio, como este motor no sirve para hacer mi Helicóptero, porque es muy grande y pesado, le voy a disminuir las revoluciones para hacer un carro. Y mi papá construyó un carro de tres llantas muy llamativo, en el que anduvimos por Chinácota, el Diamante, Pamplonita y Bochalema.

Un domingo en el sermón de la misa mayor, mi mamá escuchó al cura Cote hablar de la visita que iba a realizar a Pamplona Gustavo Rojas Pinilla. El dictador tenía buena acogida del pueblo porque durante sus años de su mandato había impulsado la modernización del país, como la construcción del Aeropuerto Internacional del Dorado de Bogotá, de carreteras, hospitales y colegios que inauguraba en sus visitas a los pueblos y ciudades del país.

Pamplona era una ciudad reconocida por su tradición educativa y cultural. Y por orden del dictador habían ampliado la carretera que conectaba a Bucaramanga con Pamplona y con Cúcuta, que era vital para el comercio y seguridad de la frontera con Venezuela.

El domingo que Rojas Pinilla fue a Pamplona con mi papá nos fuimos en el carro de tres llantas. Esa tarde pudimos entrar a la plaza pública donde Rojas Pinilla arengaba a la multitud , con la ayuda de un policía vigilante, que conocía a mi papá y nos dejó pasar con el carro. Gustavo Rojas Pinilla al darse del ingenio de mi papá y le hizo una promesa: que le iba a regalar un automóvil de los que estaban por llegar al país importados.

A los pocos días a nuestro papá le entregaron un Volkswagen Escarabajo de color verde, que nuestro viejo manejó varios años y que cuando con César Augusto nos vinimos para Bogotá , el vehículo se lo prestó nuestro papá a nuestro hermano Jorge que se lo llevó para su casa.

Cuando nuestra mamá se enfermó de una apendicitis, César Augusto se la llevó para que le realizaran la intervención quirúrgica en una afamada clínica de Bogotá. Los médicos que realizaron la cirugía la descuidaron y nuestra madre murió. Yo estaba en España adelantado el doctorado en Lingüística y Literatura y el fallecimiento de nuestra mamita , nos causó un tremendo dolor moral. Mi director de tesis me adelantó la lectura de la tesis de grado: La Dictadura Hispanoamericana en el Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, Premio Nóbel. Regresé a Bogotá y ahogué mi dolor moral trabajando, estudiando Derecho en la Universidad Católica de Colombia, y sobre todo, con mi matrimonio con Constanza Camacho Becerra.

Pero se nos presentó la tragedia sufrida por César Augusto, quien como Subdirector de la Aduana Interna de Cali, el lunes 27 de noviembre de 1989 abordó el avión Boeing 727 de Avianca que despegó en el Aeropuerto Internacional El Dorado, a las 7:05 a.m. y a los 17 minutos del despeje fue desintegrado por una bomba, cayendo en pedazos al sur de Soacha. Dicho atentado había sido ordenado por Pablo Escobar y el Cartel de Medellín, para asesinar al candidato presidencial César Gaviria Trujillo, quien debía viajar en ese vuelo, pero cambió de itinerario a última hora por razones de seguridad. Hubo 110 víctimas (101 pasajeros, 6 tripulantes y 3 en tierra).

Cuando ocurrió esa espeluznante atentado en compañía de Celia la hermana de Trina, la esposa César Augusto, fuimos al Instituto de Medina Legal y Ciencias Forenses a identificar de los cadáveres del siniestro al de César Augusto. Optamos por hacer lo que nos dijeron los médicos forenses: escojan el cadáver más grande y parecido, para que así puedan realizar sus exequias.

Nuestro padre no se había enterado de semejante tragedia, porque el día del siniestro pusimos en alerta a Rosalba y a Susana que residían con nuestro papá en Chinácota:- Procuren que nuestro papá no se entere; escóndale el radio y no lo dejen salir a la calle.

Pero a los pocos días cuando nuestro papá iba montado en una bicicleta por las calles de Chinácota, un señor acompañado de su esposa, lo detuvieron y después de darle el pésame, lo enteraron de todo lo ocurrido con Avión de Avianca.

Nuestro padre consternado regresó a casa y después de regañar a Rosalba y Susana, que por qué le habían ocultado semejante tragedia , en forma similar cuando murió nuestra mamá, se encerró en su pieza y a los pocos días le dio un Accidente Cerebro Vascular Isquémico y quedó postrado varios años en una silla de ruedas y luego en una cama, bajo los cuidados de Rosalba y Susana hasta que falleció el 15 de agosto de 1992.

En el entierro de nuestro papá entre lágrimas y recuerdos , me dio por relatar a los presentes la siguiente anécdota:

– Con César Augusto, cuando éramos dos adolescentes , a escondidas sacábamos la camioneta Ford T modelo 1938 del garaje procurando manejarla con mucha precaución. Un día mi hermano de ida la manejó muy bien y yo de retorno a la casa al dar una curva le averié una farola.

Al otro día nuestro papá se dio cuenta y nos anunció que nos iba a dar una pela cuando regresara de su trabajo en La Cosmopolita. Y cuando regresó nos dio la muenda anunciada, pero ya nuestra mamita nos había puesto una pantaloneta debajo de los pantalones y solo hicimos el teatro que nos dolía los fuetazos de nuestro viejo, que nos daba pasito a manera de ejemplo.

Hoy en el Cielo, nuestros padres estarán riéndose a carcajadas, que resuenan como un murmullo, en nuestra casa de Chinácota.

Ciro Antonio Camargo Rojas, Ciro Camargo Rojas y Alberto Rodríguez Camargo

Cumpleaños Familiar, en la foto: Ciro Alfonso Camargo Sosa, Lucila Rojas Bernal, Nolberto Guerrero, Maria Guerrero